Desde las 25 manzanas de Rodolfo Iselin

La ciudad, en última y radical instancia, es un ser histórico.

Fernando Chueca Goitia fue un arquitecto y ensayista español, académico, historiador y erudito, considerado un referente imprescindible de la arquitectura española. Estudioso de la historia de la arquitectura y de las ciudades, nos dice en su pequeño pero denso y exquisito libro “Breve Historia del urbanismo”, en su primer párrafo: “El estudio de la ciudad es un tema tan sugestivo como amplio y difuso; imposible de abordar para un  hombre solo, si se tiene en cuenta la masa de saberes que habría de acumular. Una ciudad se puede estudiar desde infinitos ángulos. Desde la historia……; desde la geografía….., desde la economía……; desde la política…….; desde la sociología…….; desde el arte y la arquitectura……. Y no son estos los únicos enfoques posibles,  porque la ciudad, la más comprehensiva de las obras del hombre, lo reúne todo y nada que se refiera al hombre le es ajeno.” Y  más adelante nos dice: “Todo aquello que al hombre lo afecta, afecta a la ciudad, y por eso muchas veces lo más recóndito y significativo nos lo dirán los poetas y los novelistas.”…….”No es posible, por tanto, recoger cosecha tan copiosa como la que ofrece el estudio de las ciudades al cultivador inteligente.”

Aceptadas estas ideas como ciertas, sería muy pretencioso de parte del que esto escribe, – y de cualquiera que lo hiciera-, abarcar la totalidad de la problemática de la ciudad de San Rafael en un escrito periodístico. Solo podremos, a lo sumo, apuntar ideas, desbrozar caminos, plantear cuestiones, hacer reflexiones genéricas sobre la ciudad que compartimos y en la que desarrollamos la mayor parte de nuestra vida, reflexiones más fundadas en intuiciones y experiencias que en análisis científicos, de los cuales se debe nutrir un planeamiento urbano serio y que conduzca a mejorar la vida de nuestros congéneres.

Y esto nos lleva a una primera conclusión que es que la gestión de la planificación urbana es una cuestión profundamente política, quizás la más importante de todas las que debería desarrollar cualquier gobierno  responsable de la administración del municipio. En tanto tal actividad es la que apunta al futuro,  en un intento de ordenar el desarrollo y el crecimiento armónico del espacio urbano tanto desde el punto de vista físico o material como del espiritual y cultural.

…la gestión de la planificación urbana es una cuestión profundamente política.

La ciudad, en última y radical instancia, es un ser histórico.

Y la segunda conclusión es que planificar el futuro solo puede hacerse desde una correcta y exhaustiva apreciación  de la realidad en la que estamos insertos, lo que necesariamente nos obliga a visualizar el devenir, o sea, la historia. Tener clara conciencia de dónde venimos y hacia dónde vamos..

Parafraseando nuevamente a Chueca Goitia, afirmamos que “la ciudad, en última y radical instancia, es un ser histórico. La ciudad no consiste en ser estructura, ni en ser alma colectiva; consiste en otra cosa cuyo ser es histórico. Y unos párrafos más abajo:  “…a la ciudad como a la persona humana, le acontece que siempre es la misma y nunca es lo mismo.”

San Rafael tuvo dos fundaciones. La primera, aquella del capitán Telles Menezes, quien, cumpliendo las órdenes del Virrey Rafael de Sobremonte, por pedido de la cacica Josefa Roco, vino a fundar un fuerte defensivo contra “los indios malos” que, con sus malones, venían del sur de los Ríos Diamante y Atuel. Quizás sea ésta la última fundación española en el territorio de la hoy Argentina.

Fuerte que fue acompañado con el trazado geométrico, en cuadrícula, de un pretencioso asentamiento urbano, al mejor estilo de las Leyes de Indias, también herederas de una tradición que venía de los campamentos militares de los romanos en los avances  de la construcción de su imperio. Esa fue la “ciudad” de San Rafael – hoy Villa 25 de Mayo -, aldea que vegetó laxamente durante casi un siglo, hasta que el impacto que produjo la política inmigratoria de los gobiernos de fines del siglo XIX, trajo a esta región a unos europeos que, pasando miserias  en su tierra natal, vinieron a “hacerse la América” en estos lugares, ofrecidos a la colonización agrícola, después de haberse desarrollado la mal llamada “conquista del desierto”, o sea la expulsión de los primitivos habitantes de nuestra tierra.

Los colonos, primero franceses y poco después italianos, españoles, “turcos”, “rusos”, etc. vinieron  a fundar una nueva San Rafael, producto de la necesidad de servicios de una extensa región agrícola, pero también producto de un hábil señor que supo especular, con el valor de sus tierras, adquiridas a bajo precio y aumentado varias veces su valor, en un loteo ordenado también con el viejo trazado en cuadrícula, enriquecido por la experiencia del urbanismo francés del Barón Hausman, que había transformado París en una ciudad moderna. La nueva ciudad propuesta por Rodolfo Iselin, las veinticinco manzanas contenidas por las “cuatro avenidas”, con una plaza central misteriosamente “descentrada”, contiene las virtudes y los defectos que hoy todavía gozamos o sufrimos. Ese primer trazado rápidamente fue superado. El mismo se había definido a partir de apoyar el costado sur de las veinticinco manzanas en lo que en esa época se denominaba el “carril nacional”, camino que discurría más o menos de oeste a este, desde e viejo fuerte,  sirviendo a las propiedades rurales y sobre el cual ya se habían producido algunas hechos físicos que demostraban la presencia del estado, como era el caso de la central de policía que se encontraba en lo que hoy es el kilómetro cero, sobre el costado sur de la avenida, la que hoy conocemos como Avenida Mitre-Yrigoyen. Contradictoriamente con la intención de generar un polo central de la actividad social, política y religiosa en el entorno de la plaza, se desarrolla naturalmente otro polo, un eje en este caso, porque la actividad comercial se concentra sobre la avenida (el “carril nacional”). Se suma a esto algunas rarezas del trazado que contradijeron el orden ortogonal. Si observamos el trazado de San Rafael y su entorno, en especial lo que llamamos el distrito de Las Paredes veremos que la división de la propiedad de la tierra agrícola está ordenada por un trazado de calles cada un kilómetro y los canales de riego que discurren de sur a norte, siguen el mismo orden. Orden que se rompe y no sabemos bien por qué en los canales más próximos a la ciudad que son oblicuos, acompañados en su orientación,  además, por la importante Avenida Ballofet.

Sumemos además la presencia del ferrocarril que por razones de la topografía ubica la estación oblicuamente al trazado de la ciudad, en la búsqueda de la cota cero. Impulsado por el impacto de estas cuestiones descriptas, vemos entonces que el orden “perfecto” establecido por el trazado de las cuatro avenidas, se desordena, aportando simultáneamente valores nuevos en el crecimiento de la ciudad como dificultades en su planificación futura.  Cuestiones que desarrollaremos en futuras entregas.

Arq. Ricardo Freire

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